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Diario de un profe confinado

Diario de un profe confinado

Iratxe Aguinaco - Tutora de Infantil

La autora Vivian Greene dijo en su día que «la vida no se trata de esperar a que pase la tormenta, se trata de aprender a bailar bajo la lluvia». Y en esas estamos todos. Los padres realizando un máster exprés en la -ahora más que nunca- complicada conciliación familiar, los niños haciendo gala de su mayor autocontrol ante el confinamiento, los profesionales que están en primera línea de lucha contra la pandemia vistiéndose cada día de superhéroe con una máscara algo diferente y los profesores reinventándonos en busca de nuestro principal objetivo como docentes. Y es que, como profesora de Educación Infantil, reconozco que tengo síndrome de abstinencia. 

Cuando estudié para ser maestra, no sólo buscaba poder enseñar conocimientos a los niños sino, sobre todo, ayudarles a que lograran ser la mejor versión de sí mismos; en definitiva, a que fueran felices. Y deseaba, y deseo ahora más que nunca, acompañarles en ese camino.

En estos momentos nos debemos amoldar a que esa ruta ha sufrido un pequeño desvío que esperemos que, pronto, confluya de nuevo en el sendero original. Mientras tanto, hablo con mis pequeños y sus familias para que no se sientan solos ni desorientados, para no sentirme sola, para ayudarles en esta inusual parte del recorrido y buscar las actividades e iniciativas adecuadas que se conviertan en los mejores atajos que, en estos días revueltos, logren que los niños sigan siendo felices. Creo de verdad que, de esta crisis, saldremos reforzados, recordando lo que de verdad importa y siendo más equipo que nunca. Saquemos todos, pues, nuestras botas de agua para convertir el diluvio en un juego inspirador. Y recordando que siempre que llueve, escampa…

Álvaro Ferrer - Tutor de Primaria

En cuanto empezó este estado de alarma lo primero que se me vino a la cabeza fue la de transmitir paz y serenidad a mis alumnos. En total tengo 17 alumnos como tutor, pero muchos más como profesor. Ellos captan todo lo que les rodea de una forma maravillosa. Con un mínimo gesto o expresión son capaces de reconocer lo que sucede. Por lo que intento siempre mantenerme alegre, optimista y ante todo, esperanzador. En este intento de transmitir esto a las familias y a sus hijos nos vemos trabajando desde la distancia, pero más cercanos y pendientes que nunca.

Como no sabemos cuánto tiempo estaremos así, decidí hacer una redistribución de mi hogar. En el que hay una zona de trabajo junto a la de descanso. El tener una zona de trabajo me ayuda a centrarme y a descansar cuando toca ya que no tengo el «trabajo» por toda la casa. Esta forma de organización me ayuda mucho a estar fuerte emocionalmente a la vez que pendiente del colegio.

 

Ante tanto cambio y actualización constante debo decir que es un gustazo y una fortuna poder trabajar con todos mis compañeros. Un grupo humano que muestra lo mejor de cada persona y que fortalece la relación entre nosotros. Es una suerte trabajar con todos/as mis compañeros/as que hacen que el día a día sea más llevadero. Todos remando en la misma dirección y sentido. No sabemos cuanto más estaremos así, pero de lo que no me cabe duda, es que la atención que vamos a estar dando a las familias y a los alumnos será cercana y motivadora.

Elena Pérez - Tutora de Infantil

En estos días tan de película de ciencia ficción, que ni en nuestro rincón más profundo de ideas disparatadas encontraríamos, poco a poco vamos cogiendo el ritmo y adaptándonos como nadie a la nueva situación.

No ha sido fácil, sino todo lo contrario. Todo esto lleva un proceso emocional, psicológico e incluso físico complicado. Lo primero de todo ha sido aceptar la realidad, ya que hasta que no damos este paso, no somos capaces de afrontar las cosas con claridad. Esto requiere de una gran fortaleza mental, profesionalidad y entereza por parte de todos los docentes, ya que nadie nos había preparado para algo así.

Supone demostrar, ahora más que nunca, por qué hemos nacido para esto, que no es una carrera que hayamos elegido al azar sino, por pura convicción y vocación.

Es ahora cuando si de normal trabajamos al 150%, ahora estamos al 300%, porque nuestro código deontológico no nos permite dejar de lado a nuestro alumnado, al cual echamos muchísimo de menos, ni a sus familiares. Es una manera de no perder ese contacto cercano y que al mismo tiempo nos humaniza con las personas que dan sentido a nuestra labor docente.

Pongamos así de manifiesto una vez más, que la Educación es un bien importantísimo para el desarrollo y bienestar de nuestra sociedad, desde el escalón más básico (pero no menos importante), hasta el más alto.

Por todo esto, debemos demostrar que estamos a la altura de las circunstancias, así que no lo olvides: somos profes… y lo sabes.

2 comentarios en “Diario de un profe confinado”

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